¿ADÓNDE VAN LOS HIJOS DE PUTA?

10 noviembre 2009

Cosas que se pregunta uno:

Si el mundo está lleno de hijos de puta –quien más quien menos, todos tenemos ocasión de comprobarlo varias veces al día– que se dedican a tocar los cojones a la gente que va de buena por la vida…

…¿cómo es que cuando alguien se muere resulta que siempre fue una persona maravillosa? ¿Es que los hijos de puta no mueren nunca?

b.s.o. SOUTH PARK “Unclefucker”

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LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO INFORMÁTICO

5 noviembre 2009

ordenador roto

(Preparad las pupilas, que este post me ha quedado algo largo.)

Aprovecho el comentario sobre el libro de Javier Marías que hice en un post reciente para citar unas frases sacadas de la página 239 de la edición de Alfaguara.

La gente nunca para, en gran medida, porque tiene móvil y ordenador, y esa es la razón por la que yo carezco de lo uno y de lo otro. No estoy dispuesto a que cualquier majadero me interrumpa mis actividades, mis pensamientos o mis musarañas, esté donde esté. No deseo “estar conectado”, ni enterarme de todo enseguida. Nada me resultaría más atroz que estar localizable siempre, o que recibir más llamadas y cartas y publicidad y tonterías de las que ya me llegan a través del teléfono fijo, el fax y el correo ordinario.

Vale, la actitud de Marías de no tener móvil u ordenador puede que sea llevar demasiado al extremo su postura, pero viendo la cantidad de gente que puebla justamente el extremo opuesto (los fanáticos de la tecnología, los enganchados a internet…), tampoco me parece mal que el novelista se posicione allí, y casi entiendo las razones que expone en su artículo, ya que yo mismo me he descubierto teniendo arranques temporales de parecida naturaleza.

Por un lado, uso el móvil básicamente para saber cuándo tengo que pasarme a recoger películas para subtitular, o para quedar y que me den invitaciones para el cine, discos o cómics que criticar… además de para estar comunicado con Ella, claro. Hace poco cambié de teléfono y alguien me comentó que un buen móvil debía tener tres cosas ultramegaimportantes que no recuerdo muy bien, pero que básicamente se relacionaban con navegar por internet con facilidad y cosas así. Qué queréis que os diga, yo soy más de esos trogloditas que usan la muletilla cutre aquella de sólo lo uso para llamar y enviar sms. (Ya tengo internet en casa, gracias, con una pantalla, un ratón y un teclado enormes que se manejan con mucha más comodidad).

Llamadme anticuado, pero mi concepción de internet lo limita a consultarlo cuando llego a casa. Mientras ando por ahí llevo complementos de otro tipo, tales como un buen libro para ir leyendo en el metro o un reproductor de mp3 para ir oyendo dos o tres canciones por la calle. Qué narices, y a veces incluso me dedico en silencio a ordenar mis pensamientos –mi trabajo me cuesta– y a darle vueltas a cosas que me preocupan. Supongo que si además usara internet en esos contextos acabaría perdiendo el tiempo miserablemente, que es básicamente también lo que hago con internet en casa. Hablar de lo (nada) que uso los lectores de feeds, Google Maps y recursos similares supongo que no vale la pena.

¡Déjate el portátil en casa, hombre!

No entiendo a la gente que se va con el ordenador portátil a la playa. ¡Pero si a mí ya me cuesta horrores llevarme un libro con una edición medio decente! ¿De verdad es tan urgente lo que tienes que hacer en el portátil que te arriesgas a que se te estropee por la arena o el agua, o a que te lo roben? Además, una vez me bajé la Nintendo DS a la playa y apenas se veía la pantalla. ¿Es que sólo estoy mal de la vista yo?

Un párrafo más, esta vez para Twitter. Este servicio me engancha dos o tres días seguidos, para luego provocarme un rechazo por saturación que sólo puedo solventar desconectándome de ese ambiente durante unos días (bien es cierto que hay temporadas donde la cantidad de trabajo que tengo ya logra apartarme de él sin mucho esfuerzo). Desde la barrera presencio cómo hay gente que habla compulsivamente de todo lo que está haciendo, de lo que quiere hacer, de lo que piensa, de lo que caga… A todas horas y desde cualquier lugar.

Resumiendo, en mi caso personal yo abogo por la contención y por alguna que otra descontaminación ocasional, acercándome a la postura de Javier Marías que mencionaba al principio. Necesito desconectar y vivir durante el suficiente tiempo en la vida de carne y hueso, más allá de la virtual. Necesito tocar un cómic para poder disfturarlo como está mandado, necesito tener algo parecido a un soporte físico para gozar con un álbum de música, necesito mirar a la gente que pasa a mi alrededor para fijarme en ellos y reírme de sus pintas…

No sé si me he explicado bien, pero quería dejar constancia de mi postura ante tanta dependencia de ciertos tipos de tecnología. En mi opinión hay demasiada gente que se ha acostumbrado en exceso al ruido que emite internet, y hay personas muy enganchadas al mismo, no concibiendo sus días sin él. De momento me resisto a ese embrujo.

b.s.o. KRAFTWERK “Computer love”


CRISTINA LASVIGNES, ¿MASCACHAPAS JUBILADA?

3 noviembre 2009

Cristina Lasvignes

Mira que me da rabia la presentadora de Tal cual lo contamos, y eso que sólo la he visto de refilón en alguna sesión de zapeo, además de por supuesto cuando el certero y siempre necesario Ángel Martín disecciona su programa en Sé lo que hicisteis.

Cuando Cristina Lasvignes se dio a conocer me irritaban mucho sus gestos espasmódicos (hoy en día no eres un reportero o un presentador que se precie si no matas cuatro o cinco moscas cada vez que señalas hacia algo).

Para más inri, mientras veía unos meses después uno de los fragmentos de su programa, siguiendo sus gestos y sus reacciones, me di cuenta de que esta chica seguramente tiene un pasado bakala bastante importante.

Imaginaos la escena: una pareja de novios mascachapas hablando en el cine, justo en la fila de detrás de vosotros, mientras intentáis concentraros en la película. Con buenos modales les pedís que por favor se callen, pero el tío va y se rebota. Tu chica intenta ayudarte tomando parte en las quejas, y entonces entra al trapo la novia bakala (“¡Tú con mi novio no te metas! ¿Mentiendes?”), que esperaba su oportunidad para sacar a relucir su vena más barriobajera. Bien, pues esa es la Lasvignes (o más bien era, según mis suposiciones).

No sé por qué, pero desde hace unos meses siempre que veo a la presentadora me la imagino hace unos cuantos años, protagonizando esa situación que a algunos os resultará familiar. También me la imagino en algún after, batiendo la mandíbula sudorosa al son de Chimo Bayo, pero menos veces.

¿Nadie más tiene la misma impresión que yo?

b.s.o. METEOSAT “Mi novio es bakala”


EL MÉDICO

1 noviembre 2009

El médico

Comencé la lectura de este libro en el aeropuerto de Alicante a medidos del pasado mes de febrero, justo cuando estaba a punto de irme de intercambio a un pueblecito cercano a Bath con trece alumnos de mi colegio. Lo he finalizado hace un par de semanas, tras haber sido mi fiel compañero –entre otros lugares– en mis visitas estivales a la playa, así que ya podéis imaginaros que no se ha tratado de una lectura especialmente atropellada, sino que me he tomado mi tiempo para ir procesándolo.

La historia nos habla de un chaval que queda huérfano de padre, teniendo todos sus hermanos que buscarse la vida como buenamente pueden. Rob J. comienza a recorrer los caminos de la Inglaterra medieval junto a un curandero con dotes de prestidigitador, progresando día a día en los pequeños trucos que le enseña su maestro, y viendo cómo crece su interés por ejercer la medicina.

A partir de ahí su ansia de conocimiento le lleva a tierras exóticas, en las cuales tendrá que hacer gala de toda su astucia para sobrevivir y lograr convertirse en el médico que reza el título de esta novela de Noah Gordon.

En cuanto a mi opinión, considero que es una novela bien escrita, siendo la típica lectura entretenida donde el autor, además, hace gala de toda la documentación que ha ido recopilando, dándonos pequeñas lecciones de historia y hablándonos de costumbres de aquella época. Eso sí, a mí me han cargado un poco todas las descripciones detalladas que hace de las comidas y cenas –a ratos aquello parece más un programa de cocina–, por ejemplo, pero se pueden soportar.

Por comparar con algún título en la misma onda, debo reconocer que me atrapó bastante más Los pilares de la Tierra (Ken Follett), tal vez porque en aquella novela se apostaba en mayor medida por la vertiente culebronesca –bien llevada, eso sí– que por tratar de reflejar con mucho realismo una época determinada, pero sin alejarse de una línea argumental general que se me antoja demasiado previsible y que se alarga durante un largo número de páginas.

En alguna estantería de casa esperan su turno también Chamán y La doctora Cole, continuaciones de la saga iniciada por Gordon con esta novela. Ya hablaré de ellas cuando sea el momento.

b.s.o. ORBITAL “Doctor?”