TUTOR

Esta semana está siendo particularmente estresante. El curso escolar ya se encuentra a pleno rendimiento –cuando escribo esto acaban de empezar las clases por la tarde también–, y a medida que avanzan los días el cansancio se va acumulando, parejo al desgaste que conlleva pelearse (metafóricamente, claro) con los estudiantes de Secundaria cada jornada, a la preparación de las clases, a la corrección de trabajos, al papeleo asociado al mundo de la enseñanza… pero sobre todo a la atención que debo dedicar a los treinta alumnos que forman parte de mi tutoría.

Sí, este año me he estrenado como tutor en 2º de ESO. Aunque se vea como un marrón por muchos de los compañeros, lo cierto es que ya me hacía ilusión, después de cuatro años en el centro como profesor raso, enfrentarme a la tarea de seguir muy de cerca las evoluciones de mi grupo, controlando sus progresos y manteniendo un estrecho contacto con sus progenitores. Casualmente esta labor casi paterna ha coincidido con el estreno de mi otra paternidad, la de verdad, así que me toca vivir un curso cuidando de 31 retoños.

El trabajo de tutor desgasta bastante. Ya voy entendiendo a aquellos docentes que se quejan de que no les dan tregua, renovándoles en el cargo cada nuevo curso. Tienes que estar pendiente de cada pequeño detalle que acontece en tu clase, de las enfermedades y lesiones de sus integrantes, de los conflictos que surgen entre ellos o con compañeros de otros grupos, de su rendimiento escolar, de su actitud, de sus problemas de comprensión de ciertas materias… E interceder entre alumnos, profesores y familias para lograr que todos queden satisfechos con las decisiones adoptadas.

Hay que añadir que además te toca participar en todas las salidas que se hacen fuera del centro (no sin antes haber recogido el dinero pertinente y las autorizaciones de los padres), en las sesiones de tutoría donde se dan charlas de todo tipo, en las celebraciones del fundador del colegio (luciendo disfraces variados), y en las reuniones de padres. Sin ir más lejos, ayer tuve una en la que creo que me desenvolví bastante bien –teniendo en cuenta mi bisoñez en ese tipo de lides–, y de la que salí con un subidón de moral más que importante.

Ya me han dicho que mi grupo es uno de los más complicados de los últimos años, debido al nivel académico de ciertos alumnos, al comportamiento de otros y a problemas mucho más complicados de otro pequeño segmento de la misma. O sea, que si ya me había planteado este curso como un desafío –con Dani por un lado y la tutoría por otro–, se confirma que me esperan días complicados, pero también una profunda satisfacción si logro llegar a buen puerto. Por ganas de hacerlo bien no será, desde luego.

b.s.o. LEONARD COHEN “Teachers”

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